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El servilismo, un aliado del Poder

Escrito por Hernán Salgado Pesantes.


El servilismo, un aliado del Poder

Prof. Hernán Salgado Pesantes

 

En todos los tiempos se ha observado que el poder tiene una secta de devotos: de personas dedicadas con fervor a enaltecer a quienes ostentan poder. Esto da lugar el culto a la personalidad y aunque parezca paradójico no es al individuo como tal a quien “adoran” sino que es al poder encarnado en esa persona. Cuando un político ya no detenta el poder, todo el culto habrá concluido. Así lo enseña la historia humana.
En nuestro país la adulación y la sumisión son un mal crónico en que se desenvuelve el poder de los presidentes, lo que aumenta considerablemente cuando el poder es exorbitante y se desborda del estrecho cauce constitucional, peor aún cuando no existe la alternabilidad tan necesaria para oxigenar el Poder e incluso evitar toda clase de corrupción.
Hay que destacar que este comportamiento fortalece al presidencialismo, aunque sea transitoriamente, inclinándolo al despotismo. Los políticos que practican el servilismo para llegar o mantenerse en cargos de dirección u obtener otros beneficios incurren en actitudes negativas que no ayudan a quien ejerce la presidencia de la República, pues éste –en ese ambiente de aplauso y adulo permanente- poco a poco se aleja de la realidad política que le rodea y pierde contacto con ella; las políticas públicas que planifique pueden perder la eficacia que se pretende darles.
Esta mentalidad servil –característica de la mediocridad- quema tanto incienso a quien ejerce el mando que éste se convence de ser infalible y lo más grave: cualquier opinión disidente la considera deslealtad o “traición” a la patria misma. Se trata de un culto a la personalidad que destruye toda sana crítica a quienes ejercen el poder; el mayor antídoto para este mal político es desarrollar la conciencia cívica de los ciudadanos y de quienes ejercen cargos públicos.