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Del caudillismo autoritario al liderazgo populista

Escrito por Hernán Salgado Pesantes.

 

Del caudillismo autoritario al liderazgo populista

Prof. Hernán Salgado Pesantes


En el Ecuador, el caudillismo autoritario –conservador o liberal, militar o civil- que acompañó a la formación de la república independiente predominó durante el siglo XIX, incluso se prolongó hasta las primeras décadas del siglo XX. En la transición del caudillismo al populismo hay que considerar el impacto que tuvo el sufragio, que de restringido y censitario pasó a ser universal, y que se revela como instrumento necesario para la legitimación de todo gobierno.
A medida que se extienden los derechos políticos, particularmente el derecho a elegir, los estratos sociales medios y pobres de escasa participación política o que permanecieron marginados van ha servirse del sufragio popular (preconizado como universal) para reivindicar todo aquello que pueda caber en el paradigma de la “justicia social”.
En este nuevo contexto electoral del siglo XX aparece el populismo. El caudillismo de viejo cuño cambiará de posición y estrategia. En otras palabras, la fuerza del voto popular –con su clientelismo- va a sustituir a aquellos tipos de presión o de fuerza que utilizaron los movimientos caudillistas. En adelante, quienes logren influenciar y orientar la votación conformarán el sistema de gobierno o serán parte de un régimen político.5
De esta manera, y en mi criterio, en el siglo XX los caudillismos cedieron el paso a los movimientos populistas, o -dicho de otro modo- aquellos se modernizaron con la aparición de la política de masas. Como señala Burdeau, con el advenimiento de las masas, el hombre no existe sino en función de su situación en el grupo, en la masa partidista).6
Y posteriormente vendrá el marketing político con recetas que se adecúan a las nuevas épocas, cada vez más variables. En todo caso y en buena lógica, el líder está obligado a convertir la popularidad personal en un instrumento de eficacia política.
No cabe duda que el populismo entraña un estilo de liderazgo y que en América Latina se podría establecer algunos tipos de movimientos populistas, según la época, el país y su población.7 Lo que caracteriza al populismo de nuestra región, en mi concepto, es el precedente del caudillismo autoritario que, reitero, acompañó a todos nuestros países, determinando elementos que van a ser incluidos en el populismo (lo cual explica actitudes y comportamientos)
El denominador común de nuestros populismos es la conducción del grupo, movimiento o partido por un personaje con atributos singulares que se presenta como el redentor de un pueblo y ofrece realizar –cuando llegue al poder- aquellas políticas que pongan fin a la pobreza y exclusión social, para lo cual el énfasis puede variar según la coyuntura: en políticas nacionalistas, o de carácter económico-social, o de lucha contra los grupos oligárquicos, o todo a la vez. Las diversas ofertas populistas se compaginan con el grado de desarrollo socio político, económico y cultural de los países latinoamericanos.
Entre los singulares atributos de un político que se presenta como líder popular, sabemos por la experiencia ecuatoriana, está la elocuencia que permite
5 Atrás quedarán expresiones como “no se puede perder con papelitos lo que se ha conquistado por las armas” (frase atribuida a Alfaro); al no ser aceptable tal idea hay que buscar otras estrategias para mantener o crear liderazgos.
6 Georges Burdeau, Traité de Science Politique, Tome V Les régimes politiques, 3éme. Édition, LDGJ, Paris, 1985, p. 76.
7 Al respecto, hay criterios diversos sobre lo que es el populismo y sus características definitorias, éstas son vistas desde diversos ángulos propios de cada disciplina científica o profesión. Desde mi perspectiva privilegiaré el análisis político-constitucional.
persuadir, con gestos o ademanes, no exenta de diatribas e insultos, con un sinfín de promesas, y la simpatía atrayente que suele calificársela como carismática. Estos elementos discursivos que utiliza un líder promueven las emociones y pasiones del grupo destinatario, es un renacer de ilusiones que se convertirán en otras tantas frustraciones.
Con la aparición de la tecnología moderna y su desarrollo en el sistema de comunicaciones, con la televisión al alcance de todos y las redes sociales, el populismo del siglo XX se vuelve obsoleto y debe modificar su estrategia. Frente a la nueva tecnología informativa –también de masas-, de fuerte impacto en el quehacer político, los movimientos populistas están obligados a renovarse para no desaparecer. Así, surge una nueva forma de populismo a finales del siglo pasado y que constituye el neopopulismo del siglo XXI. 8
Se mantienen los elementos caracterizadores (conducción, personaje o líder mesiánico, retórica y oferta de soluciones prontas a todos los males que aquejan a un país, etc.) Como suele señalarse, estos elementos tienen canales de transmisión diferentes a los antiguos, ahora hay que programarlos utilizando las tecnologías llamadas de punta. Y los líderes del neopopulismo deben conocer y manejar estos medios.
Los ecuatorianos podemos tomar como ejemplo el caso del Dr. Velasco Ibarra, para quien era suficiente “un balcón…”, este veterano líder difícilmente se hubiera avenido con la política televisiva que se inició al final de su agitada vida; en cambio, para aquella época de transición, don Assad Bucaram pudo ya manejar estos nuevos medios como lo harán después, con mayor desenvoltura, sus sobrinos; y, en la época actual el presidente Correa.