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Concepto material y formal de la Constitución

Escrito por Hernán Salgado Pesantes.

Concepto material y formal; Clasificaciones

Desde el punto de vista jurídico, la Constitución puede ser comprendida en dos sentidos: uno material y otro formal.  Para el concepto material se considera su contenido y entonces se concibe a la Constitución como el conjunto de reglas esenciales, básicas, que determinan la organización y la actividad del Estado.

Tradicionalmente la técnica jurídica ha recomendado que las constituciones deben ser breves o sumarias: contener las cuestiones básicas y generales, dejando los detalles para la legislación ordinaria, mediante la expedición de leyes orgánicas. Además, las cuestiones de detalle cambian prontamente sin que sea posible reformar la Constitución cada vez que esto suceda, por el grado de rigidez que posee.

Lo contrario, son las constituciones desarrolladas o de carácter reglamentario.  Un ejemplo fue la Constitución de Colombia de 1991, bastante extensa con 380 artículos y 59 disposiciones transitorias; hoy, la Constitución de Ecuador supera a todas con 444 artículos a más de las transitorias. Un argumento a favor de desarrollar el contenido constitucional es el de evitar los vacíos o lagunas, y las ambigüedades en que, a veces, se incurre por la excesiva brevedad de los preceptos constitucionales.

 

Pero quizá el mayor argumento –en mi criterio- sea el de no dejar a la voluntad del legislador ordinario, cuando elabore la ley respectiva, aquellas cuestiones que el legislador constituyente ha considerado como importantes; en tales casos, para evitar la tergiversación, se prefiere desarrollar las normas constitucionales dentro de la orientación y el sentido dados por el constituyente.

La noción formal hace referencia a la formación de la Ley constitucional, destacando la característica de ser una ley que para su elaboración o reforma requiere de un procedimiento diferente al de las leyes ordinarias y, además, de un órgano o autoridad especial.  Sin embargo, esta noción formal de Constitución puede tener sus excepciones, como el caso de Inglaterra donde las normas constitucionales pueden ser modificadas en el Parlamento, siguiendo el procedimiento legislativo ordinario (en cuanto tiene que ver con textos escritos).

Al examinar el aspecto formal de la Constitución (lo relacionado a su formación y trámite) se establece que las Constituciones pueden ser rígidas y flexibles: las primeras son aquellas que, precisamente, exigen un procedimiento especial y la intervención de un órgano calificado; y, las flexibles son -al contrario- las que adoptan el mismo trámite de las leyes ordinarias, es decir, pueden ser elaboradas o reformadas sin necesidad de un procedimiento y órgano especiales, como sucede en el caso inglés.  Pero no se crea que los ingleses por no tener un procedimiento especial pueden modificar fácilmente sus normas constitucionales pues siendo un sistema consuetudinario todo cambio exige tiempo.

La mayoría de los Estados prefieren una Constitución rígida, en mayor o menor grado, para revestirla de especial solemnidad y trascendencia, y asegurar de este modo su permanencia.  Esta idea de permanencia, que forma parte de la Constitución, no significa en modo alguno la inmutabilidad de sus preceptos, pues es obvio que estos tienen que adecuarse a la dinámica social y política de una nación.  La existencia de la Ley Suprema y el ordenamiento que quiere implantar están en relación directa con las realidades y circunstancias históricas de un pueblo: de su coincidencia se derivará su estabilidad. La reforma o revisión constitucional sirve para estos fines.

En nuestra época, los procedimientos de reforma constitucional que utilizan generalmente los Estados podrían calificarse de semirrígidos; así ocurre en el Ecuador.  Hay que tener presente que el exceso de rigidez puede contribuir a la ruptura del Estado de Derecho porque se estaría dando un procedimiento demasiado engorroso para la reforma de la Constitución, lo cual incitaría a buscar los cambios a través de una "nueva" Ley Suprema.[1]

También se clasifican a las Constituciones en escritas y consuetudinarias, según se trate de normas reunidas y redactadas en un documento o texto único sancionado por el órgano competente; o bien, son reglas nacidas de la costumbre impuestas por los usos y prácticas reiteradas.  El carácter de texto escrito le otorga mayor precisión (a la vez que facilita su conocimiento y difusión) y corresponde mejor a la noción de rigidez constitucional que vimos anteriormente.

Igualmente, ha sido Inglaterra el prototipo de un Estado que se rige por una Constitución emanada de la costumbre, pero también forman parte de ella los documentos escritos: desde la Carta Magna, hasta aquellos que se han dado en este siglo. Lo que significa que el funcionamiento constitucional inglés no es totalmente consuetudinario. Además, hay Estados que tienen una Constitución escrita pero dejan también margen a la costumbre, la que juega un papel importante, tal es el caso de los Estados Unidos.

 


[1] Estas situaciones se dieron en nuestro país, tenemos el caso de la Constitución garciana (Carta Negra) de 1869 que al no poder ser reformada prontamente ocasionó la caída del Presidente Borrero y la dictadura del general Veintemilla (1876).