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ENTREVISTA AL DR. HERNÁN SALGADO PESANTES

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ENTREVISTA AL DR. HERNÁN SALGADO PESANTES

Realizada por la Dra. Eugenia Silva para la Revista Novedades Jurídicas, No. 56 de febrero 2011

 

1) Doctor su origen es cuencano, coméntenos de su infancia y su familia.

Nací en Cuenca en 1939, para entonces la ciudad era pequeña en extensión y población, donde  era común que todos conocieran a todos, incluso los habitantes de los valles azuayos estaban vinculados con la ciudad. Según mis vivencias, en el ambiente cuencano predominaban la religiosidad, la erudición -en el sentido de querer saber de todo- y la poesía. Mucho tomé de lo primero, poco de lo último. Quizá para ello contribuyó el hecho de que mi abuela materna fuera sobrina de Julio María Matovelle, cuya evocación estuvo presente. Desde mis primeras letras me aferré a los libros, los cuales ejercieron en mi una suerte de fascinación.

 

2) Realizó sus estudios primarios en Cuenca en el Colegio San José de la Salle, la secundaria la concluyó en la ciudad de Guayaquil, cuéntenos alguna anécdota de ese periodo de su vida.

Siempre he recordado con gratitud a la Escuela de los Hermanos de la Salle donde inicié mi aprendizaje que años después comprendería que fue integral, al incluir además de los saberes humanos la dimensión espiritual sintetizada en la ética y moral cristianas. Estimulado con algunas condecoraciones pasé a estudiar con los lasallanos de Guayaquil, ciudad en la que vivían numerosos familiares. Los últimos años de colegio los hice en el Nacional Vicente Rocafuerte.

Este cambio de establecimientos educativos me fue positivo y contribuyó a darme una personalidad propia. Las explicaciones de mis profesores las tomaba con espíritu crítico, uno de ellos –J.J. Pino de Icaza- supo comunicarme con su pasmosa erudición literaria la riqueza del pensamiento humano y avivó mi deseo de emulación. Para entonces, Guayaquil se había convertido en mi “Patria chica”.

 

 

3) Una vez graduado de Bachiller en Filosófico-Sociales en el Colegio Vicente Rocafuerte, inicia sus estudios en Jurisprudencia en la Universidad de Guayaquil,  ¿por qué la elección de esta disciplina?

Al inclinarme por el estudio de las ciencias filosófico-sociales había tomado una opción acorde con mis lecturas predilectas y, en mi entender, éstas convergían a la ciencia del Derecho y a la profesión de abogado. No fui una excepción a los ideales que abriga todo joven y por ello pensaba que el Derecho me acercaría al ideal de un orden justo con libertad. El tiempo transcurrido y los estudios realizados me han confirmado tal aserto. También pensé que la abogacía sería como tomar una armadura protectora para luchar contra las situaciones de injusticia. Comprendo que tal idea tenía mucho de sensibilidad e idealismo. Elementos de los cuales todavía no me he despojado.

 

4) Recuerda ¿qué maestros conformaron su Tribunal de Grado Doctoral y cuál fue el tema de su tesis?

De los cinco profesores que conformaban el Tribunal, recuerdo con viva emoción a los doctores Raúl Clemente Huerta, Nicolás Castro Benítez y Luis Antonio Arzube. Un distinguido procesalista, el Dr. Tomás Valdivieso Alba me instó a que realizara mi tesis doctoral en el ámbito procesal y él aceptaba tomar la dirección. Así ocurrió, mi trabajo de investigación se intituló: “La sentencia como fin de la relación jurídica procesal”.

 

5) Por sus méritos estudiantiles fue galardonado con una beca del gobierno de Francia para estudiar en la Sorbona. Cuéntenos sobre esa experiencia.

Durante mi carrera universitaria mantuve latente el deseo de conseguir una beca y poder estudiar una especialización en Europa. Con el tiempo consideré que el país indicado era Francia, pensaba que entonces podría leer en su propia lengua a los clásicos del pensamiento político francés. Con mucha predisposición estudié dicho idioma y tomé contacto con la Embajada de Francia a través del Consulado de Guayaquil. Presenté mi hoja de vida estudiantil, se me pidió el programa concreto de estudios a realizar. Solicité una beca por dos años de duración debido a que deseaba hacer un doctorado de postgrado (PhD). Transcurrido cierto tiempo fui notificado con la aceptación: se me concedía una beca del Gobierno de Francia por los dos años. La demora, me explicaron, se debió a los sucesos universitarios (Mayo del 68) que alteraron al país galo.

 

En París, luego de rendir una prueba de capacidad, fui matriculado en la Universidad de Panteón Sorbona. Tuve clases presenciales por dos años, después del primero podía inscribir el tema de investigación para la tesis doctoral que fue: “Evolution des principes de non-intervention et de la souveraineté dans la téorie et la pratique soviétiques du droit internacional”. Esta temática me traería grandes dolores de cabeza, no medí las dificultades; lo hice a petición de un distinguido profesor –Pierre Cot- que apreció mis análisis sobre la invasión de la Unión Soviética a Checoslovaquia. La terminación de la tesis doctoral exigió duplicar tiempo y esfuerzos, permanecí casi cinco años en París y la beca se me amplió generosamente. El doctorado fue en Estudios Políticos, que era el equivalente en la Sorbona a Ciencias Políticas.

 

6) Usted tuvo la oportunidad de visitar prácticamente toda Europa, ¿qué país considera Ud. como un ejemplo de democracia y por qué?

Durante los períodos de vacaciones pude recorrer los países vecinos a Francia. Por motivo de mi tesis se me facilitó visitar centros universitarios de Moscú en dos ocasiones (para reunir documentación y tomar contacto -en idioma francés- con profesores rusos); también pude conocer la realidad de Checoslovaquia y de Polonia. Gran atracción tuvo para mí estar en Grecia y recrear su historia.

 

Considero difícil señalar un determinado país como modelo de democracia. La democracia tiene estándares exigentes, pienso que en los primeros países que fundaron la Comunidad Europea se están concretando elementos trascendentes de lo que la doctrina jurídico-política concibe como democracia.

 

7) También tuvo la oportunidad de conocer a importantes juristas, ¿puede referirnos algunos y qué lecciones aprendió de ellos?

Entre mis maestros, cuya influencia recibí, están constitucionalistas como: Georges Vedel, Maurice Duverger, Georges Burdeau, autor de un tratado de Ciencia Política en diez tomos que es realmente un estudio de Derecho Constitucional utilizando la metodología de las ciencias políticas; también el sociólogo Raymond Aron y otros. Entre las lecciones que se aprenden citaría la honradez académica, el análisis preciso y claro que aflora en síntesis bien elaboradas, con rigor científico, y que demuestran un dominio absoluto del tema. Durante mi estadía universitaria aprendí mucho, sea en las aulas y bibliotecas o en la vida cotidiana; en la interrelación con personalidades diversas lo que lleva al pluralismo y a la tolerancia en un marco de respeto común.

 

8) Durante algún tiempo fue profesor en distintos colegios de Guayaquil, ¿cómo inicia su larga carrera en la cátedra universitaria?

Una de mis vocaciones ha sido la docencia, quizá sea congénita, en mi familia paterna han habido buenos pedagogos. Muy prontamente me inicié como profesor en algunos colegios de Guayaquil, mi meta era pasar a la Universidad. Pero consideré que debía estar suficientemente preparado y esta fue una de las razones para buscar un postgrado. A mi regreso de Francia iba a dictar clases en las dos Universidades que para entonces habían en Guayaquil (1974) pero la Providencia me trajo a Quito (mi cónyuge prefirió habitar en Quito), donde al no tener amistades se me dificultó encontrar una vacante universitaria. Mi diploma francés no fue de ayuda, solo despertó desconfianza. En mayo de 1978 leí en la prensa la convocatoria a un concurso de méritos y oposición para llenar la cátedra de Derecho Constitucional en la Pontificia Universidad Católica y la obtuve, pasando de inmediato a dictar clases. Desde entonces he permanecido en la PUCE, gran parte como profesor de tiempo completo.

 

9) Fue Subdecano y Decano de la Facultad de Jurisprudencia de la PUCE, ¿cuáles fueron sus vivencias más gratas y cuáles las más difíciles?

Los estudiantes valoraron favorablemente mi forma de conducir la cátedra, para aquella época ellos intervenían activamente en la elección de las autoridades. Primero, fui designado al Consejo de Facultad, luego Subdecano (aunque mi binomio -Dr. Jaime Flor Vázconez- no logró la votación necesaria) y después Decano (1987-89). Estas designaciones, obtenidas por el respaldo de los estudiantes, fueron un estímulo permanente para ser siempre mejor en la cátedra. Mi Decanato se caracterizó por impulsar la investigación y realizar varias publicaciones (ILDIS auspició este esfuerzo); para el bicentenario de la Revolución Francesa invitamos a profesores galos; con el Dr. Ernesto Albán trabajamos en un proyecto de Ley de estupefacientes (auspiciados por la Fundación Nuestros Jóvenes), que después con algunas alteraciones sería aprobada por el Congreso. Un momento desagradable fue cuando no obtuve el apoyo de mis colegas para la reelección a pesar de que era tradición que el Decano en funciones fuera reelecto para un segundo período. Pasado ese momento, me pareció bien que fuera el único Decano que hizo un solo período y preferí quedar así, desoyendo los constantes pedidos de los estudiantes.

 

10) ¿Siempre ha sido el Derecho Constitucional la especialidad de su preferencia?

Me apasionan todas las disciplinas jurídicas que estudian el fenómeno del Derecho. He dictado clases de: Teoría General del Estado, necesario antecedente del Constitucional; Introducción al Derecho que permite una visión global del mundo jurídico. Pero mi especialidad es el Derecho Constitucional estudiado bajo el prisma de la ciencia política, como aprendí de mis maestros franceses. Esta formación me hace renuente a las teorías que hoy se expanden de aquellos docentes que cultivan la Filosofía del Derecho, los iusfilósofos. Diría que prefiero “pisar tierra”.

 

Mi segunda especialidad son los Derechos Humanos y los sistemas establecidos para su protección. De esta conjunción Derechos-Constitución hoy en Iberoamérica desarrollamos –me incluyo- el Derecho Procesal Constitucional.

 

11) Autor de innumerables obras, artículos y análisis.   Si tuviera que escoger o recomendar los más significativos, ¿cuáles serían y por qué?

Las obras también envejecen, dura lección para los académicos. Por estar actualizada recomendaría mi “Introducción al Derecho. Un esbozo de Teoría General del Derecho”, segunda edición, 2010. Mis otros textos en materia constitucional que aspiran a una nueva edición son: “Instituciones Políticas y Constitución del Ecuador”, un análisis que partiendo de la Constitución examina las funciones y competencias de los órganos del Estado ecuatoriano; “Lecciones de Derecho Constitucional” contiene básicamente los fundamentos doctrinales de las instituciones; mi “Manual de Justicia Constitucional” que enfoca las garantías jurisdiccionales para la protección de los derechos fundamentales, además de las acciones de inconstitucionalidad, en la nueva edición se llamará “Manual de Derecho Procesal Constitucional” para promocionar a esta nueva disciplina. Una parte de mis ponencias sobre el sistema de protección interamericano de Derechos Humanos -que podrían interesar- serán recogidos en un texto.

 

12) Como Magistrado del Tribunal Constitucional, ¿pudo aplicar efectivamente la doctrina que Usted propugnaba o tuvo limitantes?

Creo haberlo hecho. Lo frustrante es cuando por desconocimiento de la doctrina constitucional la mayoría toma un camino contradictorio; en todo caso, queda la posibilidad de salvar el voto y explicar los fundamentos de esa posición. Cuando un juez actúa con independencia y saber jurídico afirmaría que no existen limitantes. También hay que saber aceptar que los demás jueces discrepen –pero con fundamentos- de las tesis jurídicas que uno exponga.

 

13) Una de sus funciones más importantes ha sido su desempeño como Juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, ¿recuerda su decisión más compleja?

En efecto, considero que ha sido la función más trascendente en mi vida, que me permitió –a lo largo de doce años- transformarme en juez, lo digo con humildad. En este ámbito se juzga a los Estados sometidos a la jurisdicción de la Corte Interamericana y se realiza el ideal de luchar contra la injusticia contenida en la violación de los derechos humanos; también se comparte el dolor que transmiten las víctimas y sus familiares. Un juez, además de ser objetivo, debe ser sensible para comprender el drama humano.

 

Una cuestión compleja que me tocó enfrentar como presidente de la Corte (1999) fue cuando el gobierno del señor Fujimori en Perú decidió retirarse de la jurisdicción de la Corte para evitar que ésta siga juzgando las violaciones a los derechos humanos. Oficialmente señalé que el Estado peruano no podía actuar de ese modo, mis argumentaciones jurídicas las recogieron los medios de información de Perú y causó disgusto a los voceros del gobierno. Meses después este gobierno sucumbió.

 

14) Fue designado Magistrado de la Corte Suprema de Justicia a través de una selección minuciosa, ocupó el segundo lugar entre los mejor puntuados, ¿qué reflexiones puede compartirnos de la administración de justicia de ese periodo?

Participé en ese concurso porque consideré que la experiencia adquirida debía ponerla al servicio de mi país. Recuérdese que por los hechos políticos que ocurrieron en diciembre de 2004 la administración de justicia se paralizó y los juicios se acumularon dramáticamente. Todos pusimos nuestra mejor capacidad para despachar lo más pronto posible las causas; pienso que la mayoría trabajamos con probidad e independencia, desde luego las excepciones no faltan. La autodepuración fue efectiva y el sistema de cooptación funcionó; faltó poner en práctica la evaluación de los jueces.

 

Esta Corte Suprema duró tres años, la transitoria constitucional dio por terminadas las funciones y dispuso un sorteo para reducir el número; de los 21 sorteados solo 3 aceptaron continuar, los 18 nos retiramos con la dignidad con que ingresamos. El tiempo transcurrido está dando la razón a los argumentos expuestos. El Consejo de la Judicatura, órgano pesadamente burocrático, fue inoperante y ha continuado siéndolo aunque con mayores atribuciones. La capacitación de los jueces sigue en planificación. Se realizaron concursos, se nombraron a los jueces de las Cortes Superiores (hoy Provinciales) pero allí quedó. El denominador común ha sido la presencia de jueces encargados y de alternos. Las estadísticas señalan que faltan juzgados y jueces pero no se da la solución. La crisis de la Justicia la ahondan los jueces amedrentados y aquellos aduladores del Poder.

 

15) Ha recibido numerosos homenajes y reconocimientos, ¿cuál ha sido el más sentid

No, realmente no los he recibido, salvo una condecoración del I. Municipio de Quito en diciembre de 2009, otra del Colegio de Abogados de Guayaquil como “Mejor Abogado 2009”, y de la Asociación de Profesores de la PUCE por los 30 años de docencia. No obstante, mis discípulos siempre me han dado su afecto y reconocimiento, un reconocimiento se plasmó en llamar con mi nombre a la biblioteca estudiantil.

 

16) Usted está casado desde hace muchos años con la señora Vera Levy Hazan de origen brasileño, ¿cómo la conoció?

Los años pasados juntos (37 años ya) van consolidando una unión y fortaleciendo los afectos. Mi mujer es de Río de Janeiro, la conocí en los años en que fui estudiante en París, ella también lo era. Nos casamos después que regresamos a nuestros países de origen, otorgándonos un lapso de reflexión.

 

17) Conocemos que su hija siguió sus pasos en la elección del Derecho como profesión, ¿qué consejo le ha dado siempre?

Generalmente los padres nos alegramos cuando algún hijo “hereda” nuestra profesión, pero también es bueno que los hijos nos hagan conocer otros campos de actividad. Para mi hija, como para todos mis discípulos, he insistido en el comportamiento ético, fundado en la moral cristiana, en autodesarrollar –al máximo de las capacidades- el conocimiento jurídico. Y en ser indeclinables en mantener y defender determinados principios que constituyen la esencia de la vida.

 

18) ¿Cómo es el día a día del Dr. Hernán Salgado?

Nada especial, en la mañana acudo a la Universidad, dicto clases, examino trabajos, atiendo a los estudiantes y me place conversar con ellos. En la tarde, despacho desde mi casa algunas consultas y asesorías que me solicitan; en la noche tengo la costumbre de realizar mis trabajos académicos propios, leer, escribir (que de cuando en cuando los interrumpo para dialogar con mi mujer).

 

19) ¿Cuál su diversión, comida y música favoritas?

Caminar, conversar, tener momentos de silencio. Gusto de la comida típica nacional tanto como escuchar nuestra música interpretada en piano; los valses de Johann Strauss me permiten evocar lo vivido.

 

20) ¿Qué nos puede decir de su Biblioteca, nos han comentado que es muy completa?

Considero que es el mejor bien material que poseo, la mayor parte son textos jurídicos pero contiene diversas disciplinas (derechos humanos, literatura, historia, sociología, religión). Especial valor tienen los libros con dedicatoria ofrecidos por mis colegas iberoamericanos y ecuatorianos. No querría caer en la exageración pero tomar un libro para buscar el dato que se necesita, hojearlo y leerlo es un deleite. Y qué mejor si los libros que se utilizan están al alcance de la mano. Siempre pido a mis estudiantes ir formando su propia biblioteca.

 

21) Si tuviera que regresar a un sitio en especial, ¿a dónde sería y por qué?

Me place regresar a Francia para reencontrar los pasos perdidos…

 

22) ¿Qué consejo daría para mejorar la administración de justicia?

Una opinión más que un consejo sería que los entes políticos comprendan –de buena fe- que la Función Judicial para cumplir su finalidad debe ser independiente y contar con un presupuesto acorde a sus necesidades; que las autoridades judiciales –con más amor- cuiden y fortalezcan la institucionalización de la Justicia (temo que no existe), estimulando la carrera judicial, capacitando a jueces y más servidores, creando consciencia del servicio público que dan, con salarios equitativos (evitando desproporciones), sistema objetivo e imparcial de evaluación para todos, régimen disciplinario aplicado con equidad y firmeza. La suma de estos y otros elementos podrán erradicar la corrupción.