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El servilismo, un aliado del Poder

Escrito por Hernán Salgado Pesantes.


El servilismo, un aliado del Poder

Prof. Hernán Salgado Pesantes

 

En todos los tiempos se ha observado que el poder tiene una secta de devotos: de personas dedicadas con fervor a enaltecer a quienes ostentan poder. Esto da lugar el culto a la personalidad y aunque parezca paradójico no es al individuo como tal a quien “adoran” sino que es al poder encarnado en esa persona. Cuando un político ya no detenta el poder, todo el culto habrá concluido. Así lo enseña la historia humana.
En nuestro país la adulación y la sumisión son un mal crónico en que se desenvuelve el poder de los presidentes, lo que aumenta considerablemente cuando el poder es exorbitante y se desborda del estrecho cauce constitucional, peor aún cuando no existe la alternabilidad tan necesaria para oxigenar el Poder e incluso evitar toda clase de corrupción.
Hay que destacar que este comportamiento fortalece al presidencialismo, aunque sea transitoriamente, inclinándolo al despotismo. Los políticos que practican el servilismo para llegar o mantenerse en cargos de dirección u obtener otros beneficios incurren en actitudes negativas que no ayudan a quien ejerce la presidencia de la República, pues éste –en ese ambiente de aplauso y adulo permanente- poco a poco se aleja de la realidad política que le rodea y pierde contacto con ella; las políticas públicas que planifique pueden perder la eficacia que se pretende darles.
Esta mentalidad servil –característica de la mediocridad- quema tanto incienso a quien ejerce el mando que éste se convence de ser infalible y lo más grave: cualquier opinión disidente la considera deslealtad o “traición” a la patria misma. Se trata de un culto a la personalidad que destruye toda sana crítica a quienes ejercen el poder; el mayor antídoto para este mal político es desarrollar la conciencia cívica de los ciudadanos y de quienes ejercen cargos públicos.

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Papel del populismo en la construcción de la democracia

Escrito por Hernán Salgado Pesantes.

 

Papel del populismo en la construcción de la democracia

Prof. Hernán Salgado Pesantes


Respecto al papel del populismo –y por ende del neopopulismo-, la primera idea que surge es que el populismo ha contribuido a democratizar Latinoamérica al promover el sufragio popular e incorporar a sectores marginados y pobres, quienes además de estar excluidos solían ser indiferentes a la actividad política.
Lo expresado no es del todo exacto. La lucha por eliminar las restricciones del sufragio e ir hacia un sufragio de carácter universal se fue concretando paulatinamente –a partir de la segunda mitad del siglo XIX- tanto en Europa
8 La euforia de ser protagonistas de un cambio de siglo, más aún de un cambio de milenio, nos lleva a ver todo como “nuevo” y los “neo…” abundan, está al alcance de todos tal calificativo. Ciertamente que tal apreciación en algo se explica con el acelerado desarrollo de la tecnología a todo nivel.
como en el continente americano; dicho combate lo llevaron adelante, en general, las ideologías de izquierda.9
Concomitante con este hecho se produce un importante cambio en la organización de los partidos políticos de la época, éstos realizaban su actividad electoral en agrupaciones pequeñas (partidos de notables); con la promoción del sufragio universal se transforman en partidos de masas –a fines del siglo XIX-. Este tipo de organización, que fue impulsada por los movimientos socialistas y marxistas, abrió el camino para que los obreros y los sectores menos favorecidos de la sociedad participaran de modo activo en la vida política de sus países con miras al cambio social.
Fue este precedente el que democratizó la vida política de los Estados, en la medida en que se universalizó el sufragio y los derechos políticos fueron ampliados, al tiempo de fortalecer la actividad partidista. En América Latina, frente a la debilidad de los partidos políticos, los hechos descritos encuentran su realización en los movimientos populistas.

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Del caudillismo autoritario al liderazgo populista

Escrito por Hernán Salgado Pesantes.

 

Del caudillismo autoritario al liderazgo populista

Prof. Hernán Salgado Pesantes


En el Ecuador, el caudillismo autoritario –conservador o liberal, militar o civil- que acompañó a la formación de la república independiente predominó durante el siglo XIX, incluso se prolongó hasta las primeras décadas del siglo XX. En la transición del caudillismo al populismo hay que considerar el impacto que tuvo el sufragio, que de restringido y censitario pasó a ser universal, y que se revela como instrumento necesario para la legitimación de todo gobierno.
A medida que se extienden los derechos políticos, particularmente el derecho a elegir, los estratos sociales medios y pobres de escasa participación política o que permanecieron marginados van ha servirse del sufragio popular (preconizado como universal) para reivindicar todo aquello que pueda caber en el paradigma de la “justicia social”.
En este nuevo contexto electoral del siglo XX aparece el populismo. El caudillismo de viejo cuño cambiará de posición y estrategia. En otras palabras, la fuerza del voto popular –con su clientelismo- va a sustituir a aquellos tipos de presión o de fuerza que utilizaron los movimientos caudillistas. En adelante, quienes logren influenciar y orientar la votación conformarán el sistema de gobierno o serán parte de un régimen político.5

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REELECCIÓN PRESIDENCIAL EN EL ECUADOR

Escrito por Hernán Salgado Pesantes.

HERNÁN SALGADO PESANTES

LA REELECCIÓN PRESIDENCIAL EN EL ECUADOR

Sumario: 1. Introducción.- 2. El inicio republicano del Ecuador.- 3. La República inestable.- 4. Normativa constitucional sobre la cónyuge y parientes del Presidente.- 5. La Constitución de 2008 y la institucionalidad ecuatoriana.- 6. La reelección inmediata en la actual Constitución 2008.- 7. La alternabilidad, una virtud republicana.- 8. Síntesis final.

1. Introducción
El constitucionalismo ecuatoriano mantuvo como principio político la no reelección del presidente de la República de manera inmediata, fue un criterio generalizado que tal reelección podría darse después de transcurrido un periodo presidencial. Y este criterio de esperar un cuatrienio para una posible reelección predominó hasta ser modificado por la actual Constitución 2008.
De las dieciocho constituciones, anteriores a la actual, que se han expedido en el Ecuador tan sólo una consideró la posibilidad de una reelección presidencial inmediata (la actual sería la segunda); es más, cuatro constituciones regularon que la reelección presidencial debería esperar dos periodos y otras dos constituciones suprimieron toda posibilidad de que el presidente fuera reelegido.
Asimismo, la regla general respecto de la duración del mandato presidencial ha sido de cuatro años, las excepciones para aumentar dicho periodo son muy pocas (únicamente tres constituciones establecieron un mayor periodo).
Antes de examinar las disposiciones de la actual Constitución de la República del Ecuador (2008) me referiré de modo sucinto a los antecedentes de nuestra historia constitucional y a destacar la idea republicana que forma parte esencial de los Estados de Latinoamérica.